El hombre heterosexual y su ano: mitos y verdades

La iglesia, principalmente la católica, ha condenado la práctica del sexo anal como un pecado contra la naturaleza “el auténtico pecado contra natura” y desde ahí ha nacido ese miedo que ha quedado grabado en los hombres y en las mujeres de disfrutar de otras formas de placer. A continuación veremos cómo a través del tiempo esto se ha convertido en una idea falsa impuesta por instituciones que han querido someter a la humanidad inventando todo tipo de falacias.

El surgir del sexo anal

Se remonta a la antigüedad, en algunas pinturas egipcias ya se ven escenas donde se practica este tipo de sexo, Grecia con sus mancebos, Roma y las extravagancias de sus emperadores; un ejemplo de ello es Calígula, quien organizaba grandes orgías donde se realizaban todo tipo de actos sexuales. 

Continuando con lo anterior, quiero que veamos cómo se fue degradando la práctica del sexo anal a partir de estas culturas antiguas, en Egipto esta costumbre estaba normalizada, asimismo, como la homosexualidad; más tarde En Grecia y Roma empezaría a ser utilizado; uno, como dominación, en donde los hombres poderosos penetraban a jóvenes o esclavos; y dos como método anticonceptivo. Algunas de las culturas precolombinas recurrían a este método cuando las mujeres tenían la menstruación; y más tarde lo usarían las mujeres para conservar su virginidad. 

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Hasta ese punto de la historia no tenía una connotación tan mala, hasta que llegó el cristianismo y en su ambición por tener el control difamo de pecado abominable y detestable a esta práctica y posteriormente la prohibirían hasta el punto de condenar a pena de muerte a aquellos que fueran descubiertos; desde allí ha quedado como un pecado y una práctica lasciva y obscena, llena de mitos. 

El sexo anal es solo para homosexuales

Está claro que en las relaciones homosexuales masculinas, la principal fuente de placer es el sexo anal, pero no quiere decir que sea meramente una práctica homosexual. Esta creencia se dió por el desconocimiento y la intimidación que logró la iglesia. Lo cierto es que gustaba y gusta a muchos hombres el sexo anal, no simplemente por el hecho de tener un gusto hacia otro hombre, sino por el gran placer que este les genera y ese placer puede ser generado por un hombre, una mujer o la persona misma, así que no hay de qué preocuparse. 

El tesoro escondido; punto G del hombre

Y ¿Por qué les genera tanto placer? pues porque ahí se encuentra el Edén para ellos, una glándula con forma de castaña, que todos conocemos, llamada próstata. Para desgracia de unos y fortuna de otros este puntito es el pico del placer masculino. Así que te recomiendo que no tengas miedo de explorar y disfrutar el máximo, para eso te diré algunos juegos que puedes realizar con tu pareja para dejarte fluir. 

Prácticas anales para heterosexuales

Lo más importante si vas a probar con tu pareja alguno de estas ideas, es que estén ambos relajados y dispuestos a disfrutar; antes de intentar cualquiera de estos juegos es necesaria la correcta estimulación del ano; frotando y haciendo sexo oral (beso negro), lo demás ya vendrá.

Inserción de dedos.

Inserción de juguetes.

Inserción de la mano u otros objetos. 

Penetración pegging.

Los mitos 

Que los hombres que disfrutan de la estimulación anal son homosexuales.

Si lo pruebo y me gusta, me vuelvo homosexual.

Los hombres que practican sexo anal pierden su virilidad.

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Que no se pueden auto estimular.

¡Falso, falso, falso!

Las verdades 

Sí se puede llegar al orgasmo solo con la estimulación de la glándula.

La práctica puede prevenir el cáncer de próstata.

La primera vez es dolorosa.

Requiere que haya mucha higiene.

Es fundamental el uso de lubricantes.

Riesgos del sexo anal 

Así como en otras prácticas sexuales, existen riesgos de contraer enfermedades, ya sean de trasmisión sexual o enfermedades producto de la falta de higiene o de la agresividad con que se haga, por eso siempre se recomienda usar preservativos, limpiar muy bien la zona del ano, ya que es el conducto por donde pasa el excremento; y más que importante el uso de lubricante para evitar lastimar a la otra persona. 

Para concluir me gustaría decir, que a mi parecer sería muy sensato pensar que esta práctica que ha acompañado al ser humano a lo largo de la historia, es completamente inherente a su naturaleza y deberíamos vivirla con libertad y seguridad.